El precio justo se gana, no se llora

Hay un tipo en El Ejido que estaba literalmente hasta los huevos del escaso precio que le pagaban por sus flores y plantas. Así que decidió hacerse una web, nada de maravillas que van dando vueltas y triples mortales con música de U2. Sólo plantas, precio y forma de pago. Empezó a contactar con gente que visitaba su página, siempre vía correo electrónico y comenzó a realizar ventas. Poco a poco. Un día le llegó un correo de una comunidad autónoma que le pidió 10.000 sobrecitos con semillas. Puso a su mujer, hijos y demás allegados a preparar el pedido sobre una enorme mesa y a zumbarle a la tarea. Y seguía vendiendo macetas.

Al poco tiempo le llamaron de IFEMA, los de las ferias en Madrid, y le pidieron que le mandase suficientes pascueros para decorar una de las ferias. Por esas mismas fechas el aeropuerto del Prat, que también lo encontró por internet, le hizo el mismo encargo y así, día a día, no hay mes que no tenga un pedido de la leche y eso que él no cultiva apenas nada, ya que la mayor parte del producto lo compra a otros, en otros países y también por internet. Que nadie piense que este hombre tiene unas plantaciones del carajo, porque lo único que le sobra es tesón y capacidad de entrega, además de haberse gastado lo que ha podido, mes a mes, en promocionar por sus propios medios sus propios productos, pero en internet.
Ahora vamos con la carne y las verduras. A ver si me entienden, cuando veo manifestarse a gente del campo y sólo en sombreros, pancartas a tres colores y demás leches llevan unos cuantos euros encima (pongámosle unos 12.000) y además mantienen costosas organizaciones chachis de medios, pues dan la impresión de que poco les aprieta el cinturón.No digo que su lucha no sea justa, pero creo que el modelo de protesta parece una tomadura de pelo. Muchos creerán que es una tontería, pero el primero que se ponga a vender corderos completos por internet, entregados en casa por una empresa de paquetería con el coste del transporte para el cliente y al doble del precio que lo venden a sus habituales distribuidores, ése triunfará. Tardará más o menos, pero terminará vendiendo al consumidor final o al tipo que tiene una carnicería de barrio, al del bar, el restaurante y a ese que cuando llega a su casa se conecta a internet. Que los hay a porrillos.

Y pasa igual con los productos hortícolas. El día que la gente entienda que lo mismo que mandan a grandes superficies lo pueden vender a clientes finales, al canal de restauración y hostelería, por medio de básicos y modelos establecidos en internet, triunfará. Ahora bien, si pretendemos vender desde el almacén primario al mismo precio que lo hace el supermercado vamos de cráneo, porque no tenemos sus servicios, ni ofertas, ni variedad de producto. Por cierto, esos supermercado ya venden por internet.
Todo esto puede parecer una chorrada para muchos, pero tengo en mi correo electrónico una oferta para comprar carnes de Omaha y quesos en Wisconsin, EE.UU, de donde me traigo el te que bebo cada mañana porque me sienta mal el café. Y como yo un montón, porque aún pagando aranceles sale más barato que la tienda del barrio.

Lo que digo es tan sencillo y real que aquí tienen un amigo que les presta tiempo y les regala espacio en internet para que los más decididos se pongan a vender sus propios productos por medio de la red y sin que les cueste un duro. Y no es una valentonada, lo ofrezco totalmente gratis, porque hay dos opciones en este momento. Una es llorar para ver si viene alguien y nos pone una tirita a una herida que precisa de puntos de sutura, como una subvención o una rebaja fiscal, y la otra es hacernos nosotros mismos un remiendo y tirar para adelante como se ha hecho toda la vida. Debemos partir de algo tan sencillo como que si el productor está cabreado porque le pagan poco y el cliente lo está mucho más porque le cobran una barbaridad, lo único que necesitan es encontrarse en un espacio donde no les cueste dinero estar, verse y negociar, y eso se llama Internet.